Salud Cardiovascular

SALUD CARDIOVASCULAR

Las patologías del Corazón y del Sistema Vascular (Infarto de Miocardio, Angina de Pecho, Hipertensión Arterial, Insuficiencia Cardíaca, Accidentes Cerebrovasculares, Isquemia de Miembros Inferiores, entre otras) constituyen la principal causa de muerte en la población mundial. La mayoría, en verdad, TODOS LOS FACTORES DE RIESGO para éstas enfermedades, están relacionados con NUESTRO ESTILO DE VIDA. Es por esto, que la posibilidad de prevenir o mejorar éstas patologías está en nuestras manos.

Sócrates dijo: “Si una persona busca salud, pregúntale si está dispuesta a modificar las causas de la enfermedad, si no lo está, absténte de ayudarle”

 

FACTORES DE RIESGO CARDIOVASCULAR

 

ALIMENTACIÓN: es un factor clave. Así como la mala elección de nuestros nutrientes puede perjudicarnos, la correcta elección de los mismos puede ayudarnos a prevenir o mejorar las patologías cardiovasculares. Más adelante, profundizaremos en este tema.
TABAQUISMO: son numerosos y ampliamente conocidos los efectos perjudiciales del cigarrillo en la salud cardiovascular y general.
DIABETES: una de las grandes epidemias de la actualidad. Abordaremos en profundidad este tema más adelante.
DISLIPEMIA: en este escrito aclararemos algunos conceptos y derrumbaremos algunos “mitos” con respecto al colesterol.
ESTRÉS: aumenta la frecuencia cardíaca, aumenta la presión arterial, altera el metabolismo de la glucosa, disminuye la circulación general, etc. Está claro que “relajarse un poco, nos beneficiará mucho”. En este sentido, la meditación, el reiki, el yoga, los hobbies, un adecuado descanso, entre otros, son medidas que nos ayudarán. (Ver PNEI).
HERENCIA: habitualmente se menciona a la predisposición genética a padecer una enfermedad como un “sello para toda la vida”. Si bien es cierto que heredamos de nuestros progenitores ciertas predisposiciones, nuevos conceptos aportados por la EPIGENÉTICA, dan luz a la posibilidad de modificar la expresión de nuestros genes mediante la modificación de nuestros hábitos.
EDAD: se menciona que a mayor edad, mayor predisposición a las enfermedades cardiovasculares. Por un lado, es lógico que esto ocurra como parte del proceso natural de envejecimiento. No obstante, debido a nuestro estilo de vida actual, cada vez se ven enfermedades cardiovasculares en personas más jóvenes. Todos conocemos personas de 90 años que presentan una salud ejemplar y personas jóvenes que no, por lo que, al igual que el punto anterior, todo depende de cómo elijamos vivir la vida.
SEXO: se cita que el hombre presenta mayor predisposición a estas enfermedades que la mujer hasta su menopausia, a partir de la cual, las posibilidades se equiparán. Una vez más, las predisposiciones son modificables por nosotros mismos.
SEDENTARISMO: nuestro estilo de vida actual, nos ha alejado de la actividad física. Son múltiples los beneficios que la misma nos otorga: regula la presión arterial, regula el metabolismo de la glucosa y las grasas, reduce el estrés, mejora la circulación, etc.
ALCOHOLISMO: el alcohol en exceso favorece la dislipemia, la hiperhomocistinemia (ver Compañeros del Corazón), la disfunción endotelial, el sobrepeso, entre otros.
SOBREPESO: sin dudas es uno de los principales factores de riesgo, vinculados a la Insulinoresistencia y a la Diabetes. El aumento del perímetro abdominal es uno de los criterios del famoso Síndrome Metabólico.
CONTAMINACIÓN AMBIENTAL: favorece la formación de radicales libres, involucrados en el proceso de “stress oxidativo” (ver Compañeros del Corazón).

 

DISFUNCIÓN ENDOTELIAL: EL ORIGEN DE LOS MALES

El Endotelio es una capa que tapiza la superficie interna de las arterias, venas, linfáticos, cavidades cardíacas y cuerpos cavernosos, formando una extensa red distribuida por todo el organismo, siendo considerado el órgano más grande de los mamíferos. Lejos de ser un “simple revestimiento pasivo”, el endotelio sintetiza y almacena una gran cantidad de moléculas vitales para el funcionamiento del aparato cardiovascular y de todo el organismo, siendo una de las más importantes el Óxido Nítrico (Ver Compañeros del Corazón). Numerosas investigaciones se están llevando adelante con el objetivo de conocer más sobre este “poderoso tejido”, algunos investigadores sostienen que la disfunción endotelial (o sea, la pérdida o el trastorno en la función del endotelio) sería el origen de todas las enfermedades: cardiovasculares, cáncer, autoinmunes, etc.

La Arteriosclerosis es el proceso mediante el cual se forman “placas de ateroma” en la superficie interna de las arterias, ocasionando una obstrucción en la circulación de la sangre, con las consecuencias que esto implica. Diversos factores, vinculados a los factores de riesgo cardiovascular anteriormente mencionados, producen inflamación sistémica y “lesiones” en el endotelio, siendo la formación de las placas de ateroma un mecanismo que pone en juego el organismo para “tapar esos huecos”. Luego de producida la lesión, acuden al rescate células de defensa que se ubican en la misma, luego fagocitan (o comen) lípidos oxidados (oxicolesterol, LDL-oxidizadas) formando las famosas “células espumosas”. En respuesta a esto, la capa muscular de las arterias crece (poniendo más rígidas a las mismas) y aparecen las plaquetas, fibrina y calcio, para terminar de “sellar el hueco”. Si bien estas placas pueden permanecer “estables” durante muchos años (ocasionando síntomas de falta de circulación de tipo crónicos), cuando se vuelven “inestables”, se pueden romper en forma súbita (lo que se denomina accidente de placa), ocasionando la formación de un trombo que obstruye en forma brusca las arterias y producen los famosos “infartos”.

Es importante destacar el rol del “Factor XO” en la génesis de las lesiones arteriales. El Factor XO es una enzima denominada Xantino Oxidasa procedente de la leche vacuna (nada tiene que ver con nuestra Xantino Oxidasa Humana). Esta enzima es una de las principales responsables del daño endotelial, favoreciendo la formación de placas de ateroma. En condiciones normales, esta enzima es degrada por nuestro jugo gástrico, pero el proceso de “homogeinización” que la industria aplica a los lácteos, “protege” a esta enzima, pasando al torrente sanguíneo. Esta es una de las principales causas por las que debemos evitar el consumo de lácteos procesados (la gran mayoría en la actualidad).

Se sabe que el proceso de arteriosclerosis comienza en las etapas más tempranas de la vida y durante muchos años se creyó que era un “proceso irreversible” ocasionado por el paso del tiempo. El Dr Dean Ornish, eminente cardiólogo norteamericano, realizó un revolucionario estudio en la década del 90, donde comparó dos grupos de pacientes con enfermedades cardiovasculares (Cardiopatía Isquémica). Un grupo agregó a su tratamiento un régimen naturista sumado a técnicas de relajación (meditación, yoga), actividad física y cesación tabáquica, mientras que el grupo control permaneció bajo tratamiento convencional. Luego de un año observó que los pacientes bajo régimen naturista habían tenido una mejor evolución que el grupo control y habían reducido su proceso arterioesclerótico.

Resumiendo: los factores de riesgo ocasionados por nuestro estilo de vida generan Inflamación Sistémica y Daño en la Pared Arterial (Disfunción e Injuria Endotelial), siendo la Arterioesclerosis un proceso que desarrolla el organismo para “reparar” esas lesiones. La perpetuación de este mecanismo en el tiempo genera el avance de la misma, con la consiguiente obstrucción arterial y enfermedad cardiovascular.
Sin Disfunción Endotelial no hay Arterioesclerosis, sin Factores de Riesgo no hay Disfunción Endotelial.

 

ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR EN ENFERMEDADES AUTOINMUNES

Las personas con Enfermedades Autoinmunes presentan una mayor predisposición a padecer enfermedades cardiovasculares. Esto se debe a que el fenómeno autoinmune en sí mismo, genera un estado inflamatorio sistémico, el cual favorece la disfunción endotelial y el proceso arterioesclerótico. Lejos de ser algo que nos “preocupe”, es importante conocer estos conceptos para “ocuparse” de modificar nuestro estilo de vida, sabiendo que podemos frenar, o incluso revertir este proceso.

 

EL MITO DEL COLESTEROL: EL CHICO MALO DE LA PELÍCULA

El colesterol es un elemento necesario para nuestro organismo, ya que participa en la formación de todas las membranas celulares, en la síntesis de numerosas hormonas y vitaminas y en la protección de nuestro sistema nervioso. Nuestro organismo posee un “sofisticado sistema” para regular las necesidades de colesterol, haremos una muy breve reseña del mismo:

A nivel intestinal, las grasas son metabolizadas (para esto se requiere de una flora intestinal sana y de ácidos biliares) y llegan al hígado a través de los Quilomicrones. Desde este órgano, viajan por la sangre hacia las células donde se los necesite transportadas por las LDL (mal llamadas “colesterol malo”). Cuando ninguna célula necesita más colesterol, el mismo vuelve al hígado a través de las HDL (mal llamado “colesterol bueno”, es el recolector del colesterol sobrante), para que este lo metabolice y lo elimine con la bilis a través del intestino (para éste último paso también es necesario un correcto funcionamiento de la flora intestinal) o bien lo devuelva al ciclo enterohepático. Es importante destacar que el hígado tiene la capacidad de sintetizar colesterol por su propia cuenta, al que se llama “colesterol endógeno”.

De esta manera vemos como nuestro organismo dispone de un sistema que equilibra las necesidades y demandas de colesterol. El problema subyace cuando:

• ingerimos grasas no apropiadas y/o carbohidratos y azúcares refinados en exceso.

• cuando los órganos que forman parte de este sistema están intoxicados y no funcionan correctamente (hígado, vías biliares e intestino).

• cuando tenemos alteración de nuestra flora intestinal.

Entonces, el colesterol y los triglicéridos (que son probablemente más peligrosos que el colesterol) comienzan a acumularse en diferentes partes del organismo, como por ejemplo el hígado (siendo causa del famoso Hígado Graso), o el tejido adiposo (favoreciendo el Sobrepeso).

No obstante, el problema no radica principalmente en la acumulación de colesterol, sino en la oxidación del mismo (Oxicolesterol, LDL-Oxidizadas). El exceso de radicales libres que genera nuestro organismo como consecuencia de nuestro actual estilo de vida, oxidan a las grasas tornándolas altamente nocivas para nuestro organismo, siendo éstas las que se depositan en las placas de ateroma (de allí la importancia del aporte de antioxidantes a nuestra dieta).

Otro punto a destacar es que tener un colesterol bajo en exceso (por debajo de 150 mg\ml) es más peligroso que tener el colesterol un poco alto. Incluso algunos investigadores sostienen que es imposible fijar un valor normal de colesterol para toda la población, ya que cada individuo tiene sus propias necesidades y que el valor en sangre del Colesterol Total nos provee poca información con respecto a nuestro riesgo cardiovascular (se han diseñado otros índices como: Triglicéridos\HDL y HDL/Colesterol para aportar más información) Desde nuestra perspectiva abogamos por un “equilibrio”, evitando los extremos.

Cabe destacar, que existe un grupo de trastornos de los lípidos denominados Dislipemias Primarias o Familiares, donde la falla genética de algún proceso metabólico particular, conduce a la excesiva elevación de colesterol y/o triglicéridos en sangre. Cursan con ciertos hallazgos clínicos específicos (xantomas y xantelasmas), siendo patologías de muy baja frecuencia.

 

Como corolario de esto, podemos concluir que:

• El colesterol es necesario para nuestro organismo, tener sus niveles extremadamente bajos en sangre puede ser más peligroso que tenerlo ligeramente elevado.
 • Las grasas son fundamentales para nuestra salud, el problema no pasa tanto por la cantidad que ingerimos sino por la calidad de las mismas (Ver OMEGA). Asimismo, debemos evitar el consumo de hidratos de carbono y azúcares refinadas, responsables del aumento de triglicéridos y otras grasas nocivas.
 • Nuestro organismo posee un eficaz sistema de utilización del colesterol de acuerdo a nuestras necesidades. La falla en el funcionamiento de los órganos involucrados en este sistema por intoxicación crónica de los mismo (hígado, vías biliares e intestino), favorecen su acumulación.
 • El exceso de sustancias pro-oxidantes (radicales libres) y la carencia de antioxidantes, favorecen la formación de Oxicolesterol (el real chico malo de la película), altamente nocivo para nuestro organismo y verdadero implicado en la formación de las placas de ateroma.

Para sugerencias sobre el abordaje de una dislipemia ver Recomendaciones Cardiovasculares.

DIABETES Y OBESIDAD: DOS ENFERMEDADES CONECTADAS POR UN MISMO ESLABÓN

La Diabetes (DBT) es un trastorno del metabolismo de la glucosa, caracterizada por la elevación de ésta en sangre (hiperglucemia), que ocasiona lesiones en múltiples órganos: corazón, sistema vascular, riñones, ojos, sistema nervioso, entre otros.

Existen 2 tipos principales de Diabetes: la tipo 1 o Insulinodependiente y la tipo 2 o No-Insulinodependiente. La primera está más relacionada a un fenómeno autoinmune y afecta a personas jóvenes. La tipo 2, por lejos la más frecuente, está relacionada a nuestro estilo de vida. Cabe destacar que, en los pacientes con Enfermedades Autoinmunes, no es infrecuente la presencia de Diabetes secundaria al uso de corticoides.

Independientemente de las clasificaciones, creer que la DBT es sólo un “mal manejo de la glucosa”, es estar cayendo en una visión parcial del problema.

La Insulina es una hormona secretada por el páncreas, cuya principal función es “almacenar energía”. Luego de una comida, la Insulina es liberada, favoreciendo el ingreso de glucosa a diferentes tejidos (como por ejemplo el músculo), para que sea utilizada en la producción de energía. Cuando la glucosa “sobra” (por exceso en la ingesta de azúcares e hidratos de carbono refinados), la Insulina se encarga de almacenarla para futuros usos en dos sitios principales: en el hígado (una pequeña parte) en forma de glucógeno y en el tejido adiposo (la mayor parte) en forma de “grasa”. De esta manera, vemos como el descenso de la glucosa en la sangre que genera la Insulina, es un “efecto secundario”, más que su función principal. El aumento de glucosa en sangre repetido y perpetuado en el tiempo, demandará cada vez más Insulina, la cual continuará almacenando el “sobrante” en forma de “grasa”, lo cual conducirá al fenómeno conocido como “Hiperinsulinismo”. A su vez, el aumento del tejido graso llevará al Sobrepeso, el cual es el principal factor de riesgo para otro fenómeno clave en todo esto denominado “Insulinoresistencia”, que no es más que la falta de “sensibilidad” de los tejidos a la acción de la Insulina. De esta manera, vemos como se va formando un “Círculo Vicioso”. Pero no es todo…

Existe una hormona denominada “Leptina”, secretada por el tejido graso, que tiene numerosas funciones: le dice al cerebro cuando y cuanto comer, y lo más importante, “cuando dejar de comer”. A su vez, participa también en el correcto funcionamiento de la Insulina. Cuando existe un exceso de glucosa en nuestra sangre (y más peligroso un exceso de fructosa), disminuye la secreción de Leptina, por lo que nuestro cerebro no recibe la orden de “pare de comer”. A su vez, se eleva otra hormona denominada “Ghrelina”, la cual continúa dando la orden de “siga comiendo”.

Un párrafo especial merece la Fructosa, azúcar todavía más peligrosa que la Glucosa y hoy en día ampliamente extendido en todos los alimentos industrializados (barras de cereales, alfajores, galletas, jugos artificiales, etc) bajo el nombre de Jarabe de Maíz de Alta Fructosa o JMAF, uno de los principales involucrados en la epidemia de obesidad y diabetes mundial.

También es importante considerar el término de Índice Glucémico, que significa, en palabras sencillas, la velocidad con que un alimento aumenta la glucosa en sangre. Si lo hace en forma lenta (alimentos de Índice Glucémico Bajo), la secreción de Insulina será acorde a su fisiología y favorecerá un adecuado metabolismo glucídico. Por el contrario, si lo hace en forma rápida (alimentos de Índice Glucémico Alto), alterará la secreción de Insulina, con todo lo que esto implica.

De esta manera, vemos como la Diabetes y la Obesidad están conectadas por múltiples disfuncionamientos, generando un “Círculo Vicioso”, donde el eslabón inicial es una ingesta excesiva de azúcares e hidratos de carbono y, donde, pasando por el sobrepeso y la diabetes, terminamos con la necesidad psicológica de continuar “comiendo más”. Esto solo puede ser interrumpido mediante la “modificación de nuestro estilo de vida” (Ver Recomendaciones cardiovasculares)

HIPERTENSIÓN ARTERIAL

Se define como un aumento de la presión arterial por encima de 140/90 mmHg en diferentes mediciones. Es un problema de salud que afecta a millones de personas en el mundo. Se divide en dos grupos: HTA primaria (cuando la causa es desconocida) y la HTA secundaria (cuando es causada por alguna enfermedad definida a nivel renal, glandular, vascular, etc). La HTA primaria o esencial es por lejos la más frecuente y, aunque habitualmente se menciona que no tiene una causa específica que la explique más que la predisposición genética a padecerla, hoy sabemos que nuestro estilo de vida influye en ella.

Recordando el anteriormente citado “Círculo Vicioso de la Insulinoresistencia”, numerosas investigaciones sostienen que este circuito es responsable, al menos en parte, del aumento de la presión arterial por dos mecanismos: el exceso de insulina favorece la retención de sodio y la disminución en la concentración de magnesio en las paredes arteriales. El magnesio es fundamental para “relajar” el músculo liso arterial y producir disminución de la presión. A su vez, el exceso de azúcares refinados, sobre todo de fructosa, favorece el aumento de ácido úrico, el cual tiene capacidad para dañar el sistema cardiovascular, los riñones y las articulaciones (Gota).

Párrafo aparte merece el tema de la sal, la cual es la principal “acusada” en la producción de HTA. Numerosos estudios e investigadores ponen en duda esta afirmación, siendo difícil sentar una posición clara sobre este tema. Creemos que “todos los excesos son malos”, por lo que consumir sal (preferentemente marina) con moderación es una buena opción. Pero si es importante destacar este dato, para “observar” otros factores (sobrepeso, tabaquismo, exceso de cafeína, sedentarismo, estrés, alimentación incorrecta) que pueden estar incidiendo en la HTA, y no poner “todo el foco” en la sal.

Todos los factores de riesgo que venimos mencionando, generan disfunción endotelial. Dentro de la misma, uno de los máximos inconvenientes es la disminución en la producción de Óxido Nítrico (ver compañeros del corazón), unos de los principales vasodilatadores sistémicos. Esta podría ser una de las explicaciones para la HTA.

Finalmente destacamos el rol de las “emociones”, sabemos que el estrés puede ser causa o disparador de un pico de HTA, por lo que el empleo de técnicas de relajación pueden ser de gran ayuda. (Ver Recomendaciones cardiovasculares)

 

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